Me dijo que, a pesar de que hacía las cosas complicadas (para mi y para todo el mundo), debía seguir luchando, que yo podía aguantar cualquier asalto, que seguía habiendo gente que me necesitaba. Yo le contestaba entre lágrimas que lo sabía, que me había recuperado, pero que, intentaba luchar y en ocasiones me desplomaba tras intentarlo y esforzarme.
Me instó a que siguiese luchando, que yo siempre había sido de las que lo intentaban una y otra vez, que yo no era de las que decían "Oh, eso no lo conseguiré nunca". A estas alturas de la conversación me había sentado entre sus piernas y él me pasaba los dedos entre el cabello. "Mi pequeña Heidi, nadie es perfecto. Cuanto más la busques, cuanta más desesperación pongas en tu empeño de encontrarla, mayor será la caída. La gente como tú da a entender que no sentís nada, pero eso no es la exclusiva del sufrimiento. En ocasiones te sentirás perdida e incluso hundida e inferior. Pero las decepciones te harán fuerte".
Le contesté que seguía sin entender todo...
"¿Qué es lo que no entiendo? ¿El levantarte de la cama con sensación de fracaso? Se genera porque ves que alrededor todos parecen conseguirlo. Y no me vengas con absurdos de que tú no puedes, aunque lo intentes. Que parezca que lo consigan, no significa que lo hayan conseguido".
La verdad es dura, la verdad es incómoda y a menudo la verdad duele. La gente dice que quiere saber la verdad pero ¿es cierto? La verdad es dolorosa, en el fondo no queremos conocerla, sobre todo cuando sabemos que nos afectará. A veces decimos la verdad porque es lo único que podemos ofrecer. A veces decimos la verdad porque necesitamos decirla en voz alta para poder oírla, otras veces la contamos porque no podemos aguantarnos y otras la contamos porque a alguien le debemos al menos eso.
jueves, 9 de enero de 2014
sábado, 4 de enero de 2014
Cambios
Primera actualización del año.
Superados los días previos, los nervios, el halo de incertidumbre que rodea a
la Nochevieja, ya nos queda la última fiesta para volver a la realidad: Noche y Día de Reyes.
El año nuevo me ha traído muchas
novedades, unas buenas y otras... Dejémoslo en no tan buenas, pero eso no hace que pierda el interés
en mi “cruzada personal”. La vida es demandante. No he empezado el año con una
lista de propósitos, las cuales para mi no tienen sentido alguno, porque, ¿para
qué? Si seguramente no los cumpla y además… Ya todo está escrito. Y me estoy
sintiendo muy positiva con esto del comienzo de año: bajo capas y capas de
problemas, responsabilidades, falta de mimos y falta de sueños, no me siento
desgastada, sinceramente.
Me he sacudido del abrazo de la
melancolía, ya no hay nudo que me ahogue y aunque me ha dolido dejar a muchas
personas atrás (en las que incluyo a familia y amigos), sé que no estoy sola.
Y, aunque siempre he detestado la típica frase de “año nuevo, libro nuevo”, a la cual siempre decía que estaba harta del
dichoso libro nuevo que no llegaba, este año ha tocado. Sí. Será el destino,
que debía de pasar todo esto en el lapso de cuatro meses, para que en mi cabeza
se activase el botón de alarma y saltase el chip de cambiar.
Lo conté alguna vez. Mi abuelo me
dijo cuando cumplí quince años (acompañado de un regalo que siempre llevo
colgado al cuello) que la vida era corta y que, si para ser feliz, debía ser
egoísta, que lo fuese. Me he repetido incontables veces esa frase en la
cabeza, pero, lamentablemente, no la cumplí. Pensando en cómo actuar, qué hacer
para complacer a todo el mundo. Y qué curioso, que justo cuando decidí serlo, y dejar de ser yo
la que llamase/enviase whats/estuviese pendiente de los demás… Los demás, simplemente,
desaparecieron. Así, sin más, sin cursilerías ni utopías.
En mi vida habré sobrevivido a
situaciones difíciles, pero eso no me ha hecho sentirme más fuerte ni más
feliz, simplemente me recuerda que estoy viva y que soy capaz. Y las promesas
no valen de nada, ni los juramentos, ni toda esa bazofia que te hacen creer
desde que somos pequeños. Y nadie demuestra nada por temor a quemarse. A lo
mejor yo me he quemado tantas veces que, la chamusquina me impide demostrar más
a aquellos que no lo merecen. Al igual que nunca estamos suficientemente lejos
de quienes odiamos, nunca estamos absolutamente cerca de aquellos a quienes
amamos.
Y ese es un principio (atroz, pero
real) del que todo el mundo debe ser consciente. Hay verdades que merecen
nuestra atención y hay otras… Con las que no conviene mantener diálogos.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Fin de año
Llevo muchísimos días sin
escribir… Y a escasos días de que termine el año, he tenido esa vaga sensación
de ponerme a mirar atrás. No melancólicamente, sino para recordar cómo ha sido
mi año. Escribo esto porque, seguramente será la última entrada del año. Este
año es irresumible. Creo que no sabría hacer
balance de este año porque casi he sentido las mismas veces que me moría por
dentro como que iba a estallar de felicidad.
Siempre en nuestras vidas
nos rodeamos de personas equivocadas. He tenido suerte hasta el momento de
haber tropezado con pocas piedras. Seguramente esto es consecuencia del orden y
la limpieza compulsivos que tengo y voy quitando todo aquello que no me aporta
nada… Con ello, las piedras que pueden acumularse en mi camino, las he ido
apartando.
En ese mes (Septiembre),
un trozo de mi se fue a crecer lejos, muy, muy lejos, pero de todo lo malo
podemos sacar buenas experiencias y gracias a esto he podido experimentar una
vez más que me rodeo de unas amigas excepcionales y, aunque es posible que yo
muchas veces no les aporte lo que ellas necesitan, siempre que necesito un
apoyo están a mi lado: Laura, Gema, Silvia, Carol, Patri y Rocío. Familia como Katwyn,
mis Tilis, Pepa y mi pequeña Virginia, son también parte de este gran círculo. Siempre
han estado cuando he pedido un “cuídame”, “ayúdame” o “te necesito”. Pues el año ha ido pasando y pasando, y de una forma u otra he
ido quitando las piedras más grandes del camino con la ayuda de todas ellas. Incluso he conocido a dos grandes mujeres más que son dignas de nombrar: Ana y Nabila.
Octubre fue peculiar. Bueno, mi vida en sí lo ha sido siempre, pero,
fue, digamos diferente. Pero el manto que se cernía sobre Noviembre pesaba como
si estuviese mojado. Días tristes y difíciles llegaban. Y llegó el frío. El
frío con el que pensaba que no llegarían alegrías, pero ¡cuán equivocada
estaba! El comerme un helado en pleno Diciembre, las noches en Tabata, los
bizcochos y las pizzas, compartir un cigarro, las risas de clase, el ir a
trabajar por las noches y los madrugones, las compras, los viajes a Alicante, fotos
y más fotos.
Tras asentar lo bueno y digerir lo malo, puedo decir que he seguido
creciendo. Que sigo creciendo. He vuelto a aprender lo que había aprendido
hacía muchos años, lo del año pasado, lo del anterior… Ha sido un año muy
extraño la verdad, cosas que no creía perder las perdí, lo que pensaba que no
era capaz de asumir, lo asumí, gente que se aleja, gente nueva, éxtasis de
alcohol y de rabia, enfados, heridas y cicatrices, mentiras, falta de ganas,
confianza, perdones…
Y necesito pedir perdón. Cuando cumplí 19 me prometí que no volvería a
ser débil jamás. Que las cosas iban a cambiar. Que yo tenía que cambiar y que
tenía que aprender a priorizar. Que no podía ser vulnerable. Pido perdón por
haberme faltado el respeto a mí misma, porque en un lapso de tiempo, me permití serlo. Y eso que yo ya me había armado con mi
corazón duro, de hecho, le pedí a Estopa el copyright de la parte de Destrangis in the night, que tanta mella
hizo en mi por la parte de “Corazón con caparazón de rocas”. Silvia
siempre me ha dicho que por gracia o por desgracia no siempre se puede recubrir
así el corazón, aunque nosotras siempre hemos sido duras para todo aquello que
nos han echado (somos las chicarronas!!)
Sigo orgullosa de mi misma, de mis decisiones (aunque no siempre sean
acertadas, son mías), de los cambios y progresos que hago en mi vida aunque supongan
determinadas situaciones, de los sacrificios que he hecho, pero, luego me ha
merecido la pena. He aprendido a cambiar. Ha sido un año muy difícil, aunque
aún quedan años por vivir (o eso espero). Si hay alguna palabra que pueda
describir este año, sería la palabra obstáculo. Sí, esa es la definición
perfecta para bien y para mal. Pase lo que pase, sigo en pie, ha sido un año
lleno de NOVEDADES, por llamarlo de alguna manera. El año pasado haciendo
repaso, pensaba ¿qué ocurrirá en 2013? Y ahora pienso lo mismo, pero con la vista hacia el nuevo año.
Pero, las cosas que he vivido me han llenado tanto… Así finaliza otro
año más, ahora voy de cabeza y llena de energía a por el siguiente. Río, lloro,
odio, amo y experimento mi vida, la vivo.
Porque aún me queda mucha guerra que dar.
lunes, 16 de diciembre de 2013
Decisión
¿Cómo saber cual es la decisión correcta?
Eso nunca es fácil... Pero en vez de andarse con tantos miramientos, voy a optar por ser más sencilla, en vez de complicarme tanto la vida... Sí, hoy, decido ser simple.
Y no, ser simple no quiere decir evitar lo complejo, renunciar a la sofisticado, negar la profundidad, contentarse con lo trivial. Ser simple significa mirar con ojos plácidos la esfinge de la complejidad y descifrar bien antes de ejecutar el riesgo… O ser devorado por ella.
Siempre hay que seguir, aunque sólo sea por curiosidad… En este mundo la gente nace para un solo objetivo: hacer cosas grandes y así darle sentido a su existencia. Para empezar si no estudias una carrera no eres nadie, lo de ser reconocido ya vendrá después con un poco de suerte y mucha batalla, aunque para lograr ese éxito hayas tenido que convertirte en un de los asesinos en serie más perseguidos en tu país. Qué más da, sigue siendo algo grande. Llega un punto en que no hay diferencia entre triunfadores y miserables. He acabado convenciéndome de verdad, ¡y como ha dolido! Toda una vida soñando con alcanzar esa diferencia para darte de morros contra el suelo. Ni tan solo te importa rodearte de gente que te habría hecho estancarte porque al final siempre pesa más lo de adentro, y en eso no hay quien se salve de ser mezquino.
Ya es hora de que vea mi vida con la luz que tiene. Ya es hora de que la viva como me merezco. Fuera las sonrisas a medias y las caídas donde me lleno de barro. Fuera las lágrimas.Voy a reventar mi marcador de alegrías. Me voy a hacer las alas más bonitas que hayáis visto jamás. Me las ataré a la espalda con hilo de color azul, cómo el cielo, y emprenderé mi viaje. Volaré alto, como si fuera un águila. Como una cometa que se eleva luchando por romper la cuerda que las ata a la tierra. Me iré donde el mundo esté hecho solo para mí. Me iré donde forme un único universo. Uno pequeño pero lleno de magia.
Eso nunca es fácil... Pero en vez de andarse con tantos miramientos, voy a optar por ser más sencilla, en vez de complicarme tanto la vida... Sí, hoy, decido ser simple.
Y no, ser simple no quiere decir evitar lo complejo, renunciar a la sofisticado, negar la profundidad, contentarse con lo trivial. Ser simple significa mirar con ojos plácidos la esfinge de la complejidad y descifrar bien antes de ejecutar el riesgo… O ser devorado por ella.
Siempre hay que seguir, aunque sólo sea por curiosidad… En este mundo la gente nace para un solo objetivo: hacer cosas grandes y así darle sentido a su existencia. Para empezar si no estudias una carrera no eres nadie, lo de ser reconocido ya vendrá después con un poco de suerte y mucha batalla, aunque para lograr ese éxito hayas tenido que convertirte en un de los asesinos en serie más perseguidos en tu país. Qué más da, sigue siendo algo grande. Llega un punto en que no hay diferencia entre triunfadores y miserables. He acabado convenciéndome de verdad, ¡y como ha dolido! Toda una vida soñando con alcanzar esa diferencia para darte de morros contra el suelo. Ni tan solo te importa rodearte de gente que te habría hecho estancarte porque al final siempre pesa más lo de adentro, y en eso no hay quien se salve de ser mezquino.
Ya es hora de que vea mi vida con la luz que tiene. Ya es hora de que la viva como me merezco. Fuera las sonrisas a medias y las caídas donde me lleno de barro. Fuera las lágrimas.Voy a reventar mi marcador de alegrías. Me voy a hacer las alas más bonitas que hayáis visto jamás. Me las ataré a la espalda con hilo de color azul, cómo el cielo, y emprenderé mi viaje. Volaré alto, como si fuera un águila. Como una cometa que se eleva luchando por romper la cuerda que las ata a la tierra. Me iré donde el mundo esté hecho solo para mí. Me iré donde forme un único universo. Uno pequeño pero lleno de magia.
viernes, 13 de diciembre de 2013
Tiempo
Feliz viernes 13... Y es que ya ni las fechas malditas son tan malas, seamos positivos, que es viernes. Últimamente la gente se piensa que estoy dejando de lado algo, que me da todo igual. Al revés, me importa todo mucho, demasiado, y ojalá aprendiese a tomarme las cosas menos en serio. Simplemente quiero buenos comienzos (en todos los aspectos que giran alrededor de mi vida) y que el pasado se quede donde siempre tiene que estar, que es atrás.
A mi ya me advirtieron que el tiempo pone las cosas en su sitio, pero, ¿cuándo va a llegar ese tiempo? ¿Cuándo, cuándo, cuándo? De verdad, ¿cuándo? Soy muy impaciente lo sé, la palabra paciencia no existe en mi diccionario personal, ya había otras muchísimas palabras que me caracterizaban mejor (positiva o negativamente) como para tener la palabra paciencia en él. Puestos a enfocarnos en ella, no sirve para nada. Y tiempo, necesito tiempo, tiempo para curar, tiempo para ver a gente, tiempo para charlar, para reír, para disfrutar, para pasármelo bien, pero no dispongo de él, y sé hacer muchas cosas pero magia no es una de ellas. Quiero tiempo, ¿sabéis dónde puedo adquirir un frasquito de él? Uno pequeño, tampoco gran cosa, lo justo y necesario. Lo peor es darse cuenta de las cosas cuando ya nada se puede hacer.
Más. Sí, queda justo una semana para que me den las vacaciones de Navidad, y me encantaría ser de esas personas a las que la Navidad les encanta, y son súper felices cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo, y ese tipo de cosas chorras que hace la gente en esta época. Pero a mi no. La detesto. En serio, me siento súper Grinch. Odio la Navidad. Sí, poner el árbol de Navidad con mis hermanos es motivador, os lo aseguro, pero me gustaría saber qué tipo de droga alucinógena se inyecta la gente en vena desde el 20 de Diciembre al 7 de Enero. Porque yo veo la misma falta de dinero en el país, soy consciente del mismo número de parados, de las injusticias de los gobiernos, de doctrinas que se aprueban así porque sí, del hambre en el mundo y de lo ricos que son otros mientras son capaces de llevar un anillo de dos millones de dólares mientras en Zimbawe se pelean por una mísera gota de agua. Que no, que Melendi cantaba "la Navidad la ha inventao' El Corte Inglés", e inventada por la cadena catalana o no, es repugnante. No por cantar Blanca Navidad soy más feliz. Que parece que en esos días nos encanta, e incluso yo puedo hacer acopio de olvidarme un poco, entre lo que bebes (ojo... Y lo que comes...), que estás con la familia, risillas por aquí, gambita por allá, champagne por acá... Pero el mundo sigue siendo el mismo. Ah, y a todo esto le añadimos el sorteo navideño televisivo de las películas de siempre: Solo en casa, Jack Frost y el arsenal de Richard Gere. El anuncio del Rey, el de la lotería (no voy a hablar del de este año porque me puede dar un síncope si vuelvo a imaginarme a la Caballé y a Raphael...) y el de Freixenet. Pues, bueno, puestos a elegir, yo prefiero El Grinch. A ver, que no es que odie el conjunto, que lo que odio es la gente en Navidad con su eslogan de "qué maravilloso es el mundo y qué felices somos estos días". Y es que, cuanto más se acerca, más enferma me pongo. ¿Cómo vas a ser feliz en Navidad? Dios, yo soy feliz en verano, con ropita fresquita, con sandalias y au, y no una camiseta térmica y dos jerséis de cuello vuelto, con mallas con forro interior y si se tercia un vaquero encima, y unas botas con dos pares de calcetines... Y abrigo y bufanda y guantes y orejeras y gorro, y eres el icono de Michelín, y súmale un bolso, de esos enormes que llevamos las mujeres que es como el de Mary Poppins (pero sin el como), que llevamos de todo...!! Pero Dios, por favor, si es que, el invierno es la época más anti-morbo del mundo. Me enrollo y me desvío. Que no sé a qué viene esa actitud de felicidad innata y que todos debamos tener un carácter como si acabásemos de salir de los Osos Amorosos, (yo no pasaría ese casting, obviedad obvia, soy anti-cariños). Que el mundo, en concreto nuestro país,HOLA ESPAÑA, está en decadencia. Y si te quieres olvidar, ¡perfecto! Repito, ojalá fuese yo capaz de hacer eso, o no, porque me parece hipocresía pura y dura, lamentablemente, no sirvo para eso, pero, de verdad, el 7 de Enero seguiremos igual. Es más, ¡peor! Que viene la cuesta de Enero y sube la luz, el agua, el transporte, ah no, que este año "se han recortado" en lo de subir el transporte, ¡qué gracia, que yo tenga que decir que ellos son los que se recortan!
Este mundo no es justo. Nadie dijo que lo fuese. Y aún así, ¿quién establece los límites entre lo justo y lo injusto? ¿El Gobierno? Porque me quedo patidifusa y puedo ser víctima de un ataque de risa en este mismo momento. Ojalá me diese. Nos hemos acostumbrado a nada. Pero el problema es que todos tenemos preguntas sin respuesta. Respuestas que soplan en direcciones opuestas.
A mi ya me advirtieron que el tiempo pone las cosas en su sitio, pero, ¿cuándo va a llegar ese tiempo? ¿Cuándo, cuándo, cuándo? De verdad, ¿cuándo? Soy muy impaciente lo sé, la palabra paciencia no existe en mi diccionario personal, ya había otras muchísimas palabras que me caracterizaban mejor (positiva o negativamente) como para tener la palabra paciencia en él. Puestos a enfocarnos en ella, no sirve para nada. Y tiempo, necesito tiempo, tiempo para curar, tiempo para ver a gente, tiempo para charlar, para reír, para disfrutar, para pasármelo bien, pero no dispongo de él, y sé hacer muchas cosas pero magia no es una de ellas. Quiero tiempo, ¿sabéis dónde puedo adquirir un frasquito de él? Uno pequeño, tampoco gran cosa, lo justo y necesario. Lo peor es darse cuenta de las cosas cuando ya nada se puede hacer.
Más. Sí, queda justo una semana para que me den las vacaciones de Navidad, y me encantaría ser de esas personas a las que la Navidad les encanta, y son súper felices cantando villancicos y pidiendo el aguinaldo, y ese tipo de cosas chorras que hace la gente en esta época. Pero a mi no. La detesto. En serio, me siento súper Grinch. Odio la Navidad. Sí, poner el árbol de Navidad con mis hermanos es motivador, os lo aseguro, pero me gustaría saber qué tipo de droga alucinógena se inyecta la gente en vena desde el 20 de Diciembre al 7 de Enero. Porque yo veo la misma falta de dinero en el país, soy consciente del mismo número de parados, de las injusticias de los gobiernos, de doctrinas que se aprueban así porque sí, del hambre en el mundo y de lo ricos que son otros mientras son capaces de llevar un anillo de dos millones de dólares mientras en Zimbawe se pelean por una mísera gota de agua. Que no, que Melendi cantaba "la Navidad la ha inventao' El Corte Inglés", e inventada por la cadena catalana o no, es repugnante. No por cantar Blanca Navidad soy más feliz. Que parece que en esos días nos encanta, e incluso yo puedo hacer acopio de olvidarme un poco, entre lo que bebes (ojo... Y lo que comes...), que estás con la familia, risillas por aquí, gambita por allá, champagne por acá... Pero el mundo sigue siendo el mismo. Ah, y a todo esto le añadimos el sorteo navideño televisivo de las películas de siempre: Solo en casa, Jack Frost y el arsenal de Richard Gere. El anuncio del Rey, el de la lotería (no voy a hablar del de este año porque me puede dar un síncope si vuelvo a imaginarme a la Caballé y a Raphael...) y el de Freixenet. Pues, bueno, puestos a elegir, yo prefiero El Grinch. A ver, que no es que odie el conjunto, que lo que odio es la gente en Navidad con su eslogan de "qué maravilloso es el mundo y qué felices somos estos días". Y es que, cuanto más se acerca, más enferma me pongo. ¿Cómo vas a ser feliz en Navidad? Dios, yo soy feliz en verano, con ropita fresquita, con sandalias y au, y no una camiseta térmica y dos jerséis de cuello vuelto, con mallas con forro interior y si se tercia un vaquero encima, y unas botas con dos pares de calcetines... Y abrigo y bufanda y guantes y orejeras y gorro, y eres el icono de Michelín, y súmale un bolso, de esos enormes que llevamos las mujeres que es como el de Mary Poppins (pero sin el como), que llevamos de todo...!! Pero Dios, por favor, si es que, el invierno es la época más anti-morbo del mundo. Me enrollo y me desvío. Que no sé a qué viene esa actitud de felicidad innata y que todos debamos tener un carácter como si acabásemos de salir de los Osos Amorosos, (yo no pasaría ese casting, obviedad obvia, soy anti-cariños). Que el mundo, en concreto nuestro país,
Este mundo no es justo. Nadie dijo que lo fuese. Y aún así, ¿quién establece los límites entre lo justo y lo injusto? ¿El Gobierno? Porque me quedo patidifusa y puedo ser víctima de un ataque de risa en este mismo momento. Ojalá me diese. Nos hemos acostumbrado a nada. Pero el problema es que todos tenemos preguntas sin respuesta. Respuestas que soplan en direcciones opuestas.
jueves, 12 de diciembre de 2013
Dreaming
Quizá ni siquiera se había planteado qué hacer el fin de semana. Quizá
ni ella sabía lo que haría el resto de su vida. Sí, claro que lo sabía, siempre
había estado segura de sí misma o había intentado estarlo. Se puso la cazadora
de cuero marrón, se calzó las botas Ugg sabiendo que hoy no había previsión de
lluvia (toda una suerte en la ciudad) y cogió un conjunto de guantes, gorro y
bufanda en marrón. Decidió dejar el bolso, por lo que únicamente se ocupó de ir
identificada, algo de dinero y el tabaco. Bajó por las escaleras, como siempre
y en la calle le esperaba el frío. Se dedicó a deambular por las calles frías y
otoñales de un Londres al que aún le faltaban horas para anochecer.
Entró en Starbucks para coger un white chocolate mocca, su café
favorito y fue saboreándolo lentamente por la calle, admirando su alrededor,
sabiendo que eso era lo que siempre había querido. El bullicio de la gente, las
luces frenéticas y el correr de los coches. El centro de la ciudad, el metro y
sus preciosos edificios. La humedad en el ambiente y ese cambio de aires que
necesitaba en su vida, porque el corazón se lo pedía a gritos.
Sí, ella siempre había sido inquieta y siempre necesitaba cambios. No
podía entrar en rutina, puesto que la consumía. El teléfono sonaba en casa
mientras ella seguía caminando por las calles, feliz, sabiendo que su sueño
estaba cumplido. Llegó hasta Trafalgar Square y se sentó bajo los leones,
contemplando cómo iba atardeciendo, el paso de las personas y el tráfico que
aumentaba. Los sorbos de su café le sabían a gloria mientras irradiaba
felicidad por unas mejillas sonrosadas, aunque realmente, desconozco si el
rosado era debido a felicidad o al frío. El último trago le recordó a su
familia, ahora lejos, pero la decisión había sido tomada hacía mucho tiempo.
Recordó su tatuaje mientras lo rozaba sobre la ropa: "the best is
yet to come". Sacó el tabaco y encendió un cigarro. Recordó la de veces que se había
dicho que dejaría de fumar, pero era el único capricho que se daba: un paquete
de Marlboro. Se levantó y fue andando hacia la Galería Nacional, aunque fuese
sólo para verla un minuto. El minuto se convirtió en media hora. Se dio la
vuelta, hoy volvería a casa en metro, la noche se había cernido sobre la ciudad
y empezaba a hacer mucho frío. Entró en la parada de Charing Cross y se bajó en
la suya, Baker Street, una zona a la que pensaba que no accedería jamás. Subió
las escaleras y una vez en casa, se puso el pijama y se preparó su cena
favorita: un tazón de leche con Nesquik, plátano, frambuesas y cereales Crujientes
All-Bran. Se sentó en el sofá y se puso a ver las noticias.
Se quedó dormida en el sofá, con el sonido del televisor de fondo y
cuando llegó él, la despertó con un beso. Ella sonrió, se desperezó y mientras
él se quedaba en la cocina, ella fue a la habitación. El móvil tenía quince
llamadas perdidas y un whatsapp. Sabía de quién era. El whatsapp rezaba un
simple "Lo siento". Ella sonrió amargamente pensando
"llegas tarde". Apagó el teléfono y fue a la cocina, donde él la
esperaba con una sonrisa y un cupcake de carrot cake... ¡Mi favorito!
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Mezcla
Me senté en la silla. Frente a mí, la mesa y el té rojo con limón que me
miraba echando humo. Acerqué las manos a la taza para rodearla. El calor que
desprendía me tranquilizó. Y pensé que esto no podía seguir así. La situación
se hacía insostenible cada día que pasaba. El techo cuanto más alto más caía y
el cielo cuanto más azul estaba más gris lo veía yo. "Pesimismo"
gritaba mi interior. "Dolor" me decía la cabeza.
La mezcla de ambas me estaba martirizando. Las desgracias vienen de tres
en tres, ¡qué cierto! Y parece que sales de una y te metes en otra. Así soy yo.
Bueno, así ha ido siendo mi vida paulatinamente. Levanté la taza y bebí un
sorbo a pesar de que sabía que me quemaría. El líquido fue atravesando como
fuego mi garganta. Respiré. Aspiré. Solté el aire lentamente. Di vueltas y
vueltas con la cucharilla a la taza. Vueltas y vueltas, como mi vida. La
sensación de perdida me iba invadiendo lentamente y los ojos se me anegaron de
lágrimas. "NO", me dije interiormente. Hacía
mucho que me había prohibido llorar, pero había fracasado estrepitosamente.
Había roto mi promesa interior. Bebí otro trago.
Esto no sólo venía por un problema. Los vasos no rebosan por una sola
gota. Sino por el conjunto de muchas. Simplemente que hay una que lo colma. Eso
no significa que la última gota tenga más culpa que las demás. Me quité el
pañuelo del cuello y me lo puse sobre las muñecas. Reprimí las lágrimas, fui
capaz de no llorar. Me recordé a mi misma que yo soy la que elige qué camino
tomar, que la que lleva las riendas de mi vida soy yo, y que siempre hay
tiempos malos, pero ya vendrán mejores. Que no hay mal que cien años dure. Que
después de la tormenta viene la calma. Volví a beber.
Me recordé a mi misma que todo lo que está ocurriendo ahora mismo, tiene
que tener un significado. Que todo pasa por algo. En esta vida nada ocurre en
vano, desde luego. Quedaba media taza de té. Me levanté, cogí la taza y un
Marlboro. Salí a la terraza y lo encendí. La primera calada fue intensa y me
recordó a los días de verano con la música hasta las tres de la mañana, fumando
y hablando con mi hermana, las dos en pijama y con las chanclas, con onzas de
chocolate y con magdalenas. "Quiero volver a tener la sonrisa igual de
encendida que esos días". Dí otro trago al té y dí otra calada. Sabía
que ese cigarro lo apuraría hasta el filtro. Sonreí.
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